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“No me ayuden. No me molesten. Déjenme sólo” dicen los niños.

Todos los adultos han tenido esa experiencia, pero no les han prestado atención, o no han actuado de acuerdo con lo sugerido por el niño que parecía demasiado simple.

Cuando al niño se le da la libertad para desplazarse en un mundo de objetos, tiene la tendencia natural de realizar la tarea necesaria para su desarrollo totalmente por su cuenta. Digámoslo sin rodeos: el niño quiere hacer todo por sí mismo, pero el adulto no lo entiende y comienza una lucha ciega.

Al niño no le gusta jugar despreocupadamente, ni pasar el tiempo sin hacer nada útil, ni andar revoloteando sin finalidad alguna, como cree la mayoría de gente. Busca un objeto específico, y lo busca con una claridad de propósito instintiva. Ese instinto que lo lleva a realizar cosas por sí mismo hace que nos corresponda a nosotros preparar un entorno que le permita lograr un verdadero desarrollo. Cuando se ha liberado de los adultos opresivos que actúan por él, el niño también alcanza su segundo objetivo: trabajar en forma positiva para lograr su independencia.

Se dice con frecuencia que el niño debe ser libre, ¿pero qué tipo de libertad se le ha dado? la única libertad verdadera para un individuo es tener la oportunidad de actuar en forma independiente.

Este proceso de liberación es de suma importancia, porque el niño que tiene libertad de acción se cura de todas sus perturbaciones psíquicas, o se salva de ellas por completo, y se convierte en amo de sus propias energías. El hecho de que esa transformación sólo se puede producir por medio de la actividad libre, demuestra a las claras que un niño que no puede realizar esa actividad es un niño anormal.

Tan pronto como el niño comienza a desarrollarse en un ambiente construido para él y logra actuar por su cuenta, sin depender del adulto, se establece una armonía no sólo entre él y el entorno, sino también entre él y el adulto.

Es interesante ver cómo los rasgos de la personalidad que se consideran normales y se encuentran en los niños de todas las razas y condiciones sociales (mentir, ser desordenado, tener berrinches, pasar el tiempo fantaseando etc.) desaparecen en un medio donde pueda desarrollarse en libertad, dando lugar a rasgos completamente distintos. El carácter de los niños cambia mediante una actividad tranquila y constructiva que desarrolle su inteligencia.

La educación debe preocuparse por el desarrollo de la individualidad y permitirle a cada niño que siga siendo independiente no sólo en los primeros años de su vida sino a través de todas las etapas de su desarrollo, como ocurre en “Ambiente para crecer. Espacio Montessori”. Para ello se necesitan dos cosas:

– El desarrollo de la individualidad.
– La participación del individuo en una auténtica vida social.

Ese desarrollo y esa participación en las actividades sociales cobra distintas formas en los diferentes periodos de la infancia. Sin embargo, un principio permanecerá inalterable durante todas esas etapas: al niño se le deben proporcionar en todo momento los medios necesarios para que actúe y adquiera experiencias. Entonces su vida como ser social se desarrollará durante sus años formativos y se hará más compleja a medida que crezca.

El niño no puede desarrollarse si no tiene objetos a su alrededor que le permitan actuar. Hasta ahora se creía que el aprendizaje más eficaz se producía cuando los maestros le transmitían conocimientos al niño en forma directa. pero en realidad el mejor maestro es el ambiente. El niño necesita objetos para actuar; son como alimento para su espíritu.

El niño que ha sentido un amor intenso por su entorno y por todas las criaturas vivientes, se ha descubierto la alegría y el entusiasmo en el trabajo, nos da razones para albergar la esperanza de que la humanidad se puede desarrollar en una nueva dirección.

El tesoro que hoy necesitamos “Ayudar al niño a que se independice de nosotros y a que emprenda su propio camino, y recibir a cambio sus dones de luz y esperanza” María Montessori.

María Montessori. Libro Educación y paz.
Equipo de Ambiente para crecer. Espacio Montessori

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